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miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿De qué partido eres? O la historia futbolera de una señora asturiana

"Que la inspiración te pille trabajando" dijo Picasso.

En mi caso debe ser "con el ordenador a mano y nada más importante que hacer con él que darle forma a la inspiración".

Últimamente escribo pocos textos creativos. Cada vez soy más "community manager" (o qué carajo, en castellano: "gestor de redes sociales") y menos redactor web en mi día a día y eso requiere otras habilidades, otros ritmos, otro lenguaje.

Ojo, que no he dejado de escribir, que posiblemente sea la única cosa que hago medio bien en esta vida. Sigo publicando en Gigantes (estoy muy orgulloso del informe sobre la situación del baloncesto italiano que salió hace dos meses, y tengo otro entre manos: me estoy especializando en otros baloncesto, ya verás, ya...). He publicado unos cuantos en PoblaFM...

... pero otras ideas chulas vienen en el metro y dices "cuando llegue a casa me pongo". Tururú, te llama la lavadora. O el supermercado. O sentarte a tocarte la tripa tras un día de aquí para allá.

Pero, de repente, se enciende una chispa de algo que quieres contar. Y te pilla pudiendo hacerlo.

Voy a ello. Estaba colocando la compra con mi radiocassete puesto. En él, sonando una cinta de varios de esas que me hacía para los viajes. Y suena el "Soy Minero" de Los Nikis. Nada que ver con el de Antonio Molina.


"Soy minero, vivo en Langreo y soy del Sporting de Gijón"...

Y las gaitas de este coreable tema de Los Ramones de Algete me transportan a los años 90. A un lluvioso día de vacaciones bajando en el coche de mis padres de los lagos de Covadonga. 

Paramos a comprar en una tienda de artesanía en una casa al borde de la carretera, si mal no recuerdo una alfombra de piel más digna de un castillo medieval que de una casa noventera. Así son mis padres. Gente clásica a la par que moderna.  

Y tras la compra, la señora mayor que regentaba la tienda nos mira fijamente a mi hermano y a mi. 

- "¿Y vosotros de qué partido sois?".

 Claro, nos quedamos flipando. 

- "Eh... eh...." 

La elocuencia nunca fue nuestro fuerte. 

- "De fútbol, digo"

"Partido" para referirse a "equipo de fútbol". Ole. Es que me acuerdo como si fuera ayer. Nunca he vuelto a oír ese modo de referirse a un club de fútbol. Pero qué interpretación sociológica se podría sacar de esto...

- "Eh... pues... mmm... ¿del Atleti?"

Imagino que dije Atleti, que durante una época larga era el equipo del que eran los chicos de mi clase y a mi abuelo, que fue caminero del Ministerio de Obras Públicas, le caía bien Caminero . O igual dije Real Madrid porque  mi tío era del Real Madrid y Laudrup y Hierro molaban y yo era un veleta porque me daba igual. O yo qué sé qué dije.  

El caso es que la señora medio se me enfada mientras saca unos calendarios de bolsillo del siguiente año noventaypico.  

- "No, no, de qué partido. ¿Sporting u Oviedo?"

Aaamiga, así que era eso.

- "Pues no sé. Danos uno de cada uno".

Jamás en la vida he visto un ejemplo tan extremo de eso que me gusta tanto de "support your local team".  

La señora no concebía que por allí pudiera pasar alguien que no fuera de uno de los dos equipos del pequeño Principado de Asturias.

Y si ahora me pasara lo mismo, ¿qué le diría a la señora? ¿Sporting u Oviedo?

Pues seguramente lo mismo: "Deme uno de cada uno".

En otras rivalidades me gusta tomar partido. Aunque me pillen lejos y obviamente no las exagere como la gente de allí. El deporte sin esas rivalidades pierde mucho aliciente.

Pero en esta... no puedo. Los dos equipos tienen historiones tremendos detrás. Y a mi más que el fútbol, me gustan las historias de fútbol. 

El Oviedo y la reacción de su afición tras el intento de refundación por parte del ayuntamiento, la convivencia con el Oviedo Astur al que los oviedistas llamaban "el Engendro" , los años en tercera división, la humillación de perder en casa contra el filial del Sporting, los hinchas reconstruyendo la ciudad deportiva... ¡es precioso! ¡no se puede odiar a un club así!

El Sporting y su "mareona" invadiendo los campos de segunda durante años, el romanticismo de El Molinón como el último estadio clásico, el ascenso que llega de rebote con chavales de la tierra, Abelardo - ¡años 90 mandan!- en el banquillo rajando de la prensa, la sanción que impide fichar y que los chavales de la tierra saquen el equipo adelante en primera...

Ahora queda que vuelva a haber derbi asturiano dentro de poco. El fútbol más allá de Barça y Madrid, que me aburren mucho, necesita recuperar estos alicientes. Ya han sido demasiados años sin un Oviedo- Sporting. 

Aunque también soy consciente de que es una rivalidad que demasiada gente se toma de forma enfermiza. No se puede pasear tranquilo por Oviedo con una zamarra rojiblanca. Fue el caso de un amigo que vivió allí varios años. Le regaló su hermano la camiseta del Olympiakos, que le hacía una ilusión tremenda. Se la devolvió porque estaba hasta las narices de aguantar que le gritaran cosas desde los coches. Y no precisamente de "qué bonita tu camiseta griega".




miércoles, 30 de diciembre de 2015

Una de rock & roll

Ayer fui a ver a Los Suaves a la sala La Riviera. Un concierto que se anunció como si fuera a ser el último de la banda gallega pero sin decir que lo fuera. Y no, no lo va a ser. Era el último de la gira "la música termina" que da paso a "la traca final" en 2016. 

El caso es que con ese truqui de marketing barato nos liaron a unas 2000 personas, de las que probablemente las más jóvenes fuéramos nosotros con nuestros treinta y muy pocos, para plantarnos un martes de diciembre con ganas de rock en la sala de las palmeras en todo el medio.

El día que amaneció con la noticia de la muerte de Lemmy de Motörhead era buen día para ver una de las últimas exhibiciones casi obscenas de decadencia de Yosi, el cantante de Los Suaves. 

El directo de Los Suaves no es apto para "no fans". Llevan ya unos cuantos añitos, fácil más de 10, que sólo se habla de si Yosi fue capaz de cantar alguna canción entera o si logró tirar el "atrezzo" del escenario que de si el nuevo disco es bueno o malo. 

Y si vas sin saber eso, basándote sólo en los buenísmos discos de estudio que han dejado en tres décadas en la carretera o el espectacular directo "Hay alguien ahí" de 1995 la decepción va a ser morrocotuda. Como la que me llevé yo la primera vez que les vi en directo en un Derrame Rock, allá por 2008. 

Desde entonces, les he visto más veces. Pero siempre en festivales. A ver qué pasaba. A ver si caía la breva y veía un concierto digno. Hasta me enfadaba al ver que no, que otra vez no. 

Ayer no. Iba sabiendo a lo que iba. A decir adiós a un grupo del que, sin ser fan fan fan de esos idiotas irracionales, muchas de sus canciones han sido banda sonora de momentos importantes, o secundarios, de mi vida.

En La Riviera me asaltaron la cabeza ese CD de "Santa Compaña" a mil pelas en una de esas visitas a la capital para comprar en Madrid Rock. Ese recorte de revista del gato negro que durante años decoró mi escritorio en casa de mis padres. Del "K7" del directo que nunca llegué a devolver a mi amigo Jony, y que seguro ahora que su vida es digna de una canción de Los Suaves no echará nada en falta. Del youtube del gorrión "Pardao" en la terraza. De "Mi casa" flasheándome una mañana de agosto en un atasco en la M30. De la noche de San Juan gallega. Y por supuesto de Dolores, la madre que la parió y del 1,2,3 Villalba. 

Ayer iba a eso. 

Pero es que, además, me lo pasé muy bien. Pese a que, efectivamente, había momentos en que pasabas de la risa a la profunda penita de estar viendo la decadencia de un pobre señor mayor enfermo con la actuación del bueno de Yosi. 

El rock&roll es así. 



...y si en los bises me sale con la camiseta del Atleti, mejor. No deja de tener su ironía que, a orillas del Manzanares, precisamente Los Suaves se vistan de rojiblanco.  ...el rock&roll es así. 

viernes, 23 de octubre de 2015

Quién me lo iba a decir. "Cabaret" tiene moraleja. Y vaya moraleja.

Los musicales no son precisamente un género que siga al dedillo, pero esta semana tuve oportunidad de ir al teatro Rialto de la Gran Vía a ver "Cabaret". 

Era para un regalo que tenía claro que debía ser un musical, y de los que hay en cartelera ahora mismo en Madrid fue el que más me llamó la atención. Eso de que lo anunciaran como "el musical de Broadway" y que me sonara el título me valió. 

Antes que este sólo había visto "El Rey León" y "Galicia Canibal", que se parecen como  un huevo a una castaña. 

Una superproducción de altísimo presupuesto con el sello Disney en el teatro más grande de Madrid con entradas a 90 pavos que debes comprar con antelación vs un musical sobre la "movida gallega" con canciones de Siniestro Total y Los Limones y el sello Antón Reixa del que pillas entradas con descuento de Groupon o algo de eso...

Por lo que no sabía bien qué esperar de "Cabaret". Y sería quizá el término medio. 



El Rialto es un teatro con un escenario tremendo, pero en las "Entradas Club" (primera planta, no en el patio de butacas) como pilles demasiado centrado te tapa medio show una barra del balcón, y como no sea así estás demasiado ladeado. Y cómodo, lo que se dice cómodo, no es. La relación calidad/precio del teatro es bastante floja, la verdad. 

Pero en cuanto al espectáculo... sinceramente para mi fue una grata sorpresa. Con algún que otro rostro televisivo en el reparto, que siempre da caché a un producción comercial como esta. 

Y en cuanto a cómo es "Cabaret", no son simples números musicales inconexos con un argumento flojo como justificación para poner a canturrear a los personajes, sino una historia sólida y bien hilada que se apoya en buenos números musicales. Algunos tan populares como el "Money, money". 

Ambientado en el Berlín de los años 30, justo antes del alzamiento del nazismo al poder, narra la llegada de un escritor estadounidense a la capital alemana y su particular historia ¿de amor? con una cabaretera inglesa del "Kit Kat Klub". 

El personaje del "Maestro de Ceremonias" es sencillamente bestial. Da el toque absurdo y canalla a un argumento y a unas historias que son mucho más crudas de lo que esperaba. La gran ovación final fue para él, y eso que hubo otros personajes tremendos. 

Porque con este título y siendo un musical de Broadway con tanta trayectoria imaginaba que iba a ser más "light". Más el espíritu puro y duro del cabaret de "dejen sus problemas fuera, aquí venimos a divertirnos". 

Y no. Al final sacas una conclusión. Evitaré spoilers aunque me los pida el cuerpo pero no pienso dejar de compartir esa moraleja que extraje de las cerca de 3 horas de espectáculo: puedes pasar de la política, pero la política no va a pasar de ti. 

Y en estos días inciertos en que vivir es un arte, que la gente pague 60 euros porque le digan eso a la cara, me parece tremendo. 


lunes, 9 de marzo de 2015

"Je suis Charlie" que me pillaba lejos

... y se reían de otros.

Lo de casa, es que la libertad tiene un límite. Aunque haya sentencia absolutoria.

Es un absoluto escándalo, por enésima vez.